Amanda & Ricardo: Cuando organizar bodas se convierte en diseñar la tuya propia.

Amanda y Ricardo se dieron el «sí, quiero» el 16 de mayo de 2026, pero su historia comenzó seis años antes, cuando en 2020 se conocieron casi sin imaginar que acabarían formando una familia junto a su hija y Roma, su inseparable perrita.

Amanda conoce las bodas desde dentro. No solo porque sea una enamorada del diseño y de los pequeños detalles, sino porque es una de las fundadoras de La Dupla Eventos. Y precisamente por eso existía un reto enorme: conseguir que su propia boda no fuese simplemente bonita, sino profundamente personal.
Desde el primer momento tuvimos claro que no queríamos seguir tendencias. Queríamos construir una experiencia.
Una boda que hablara de ellos. Y eso significaba que cada decisión debía tener un porqué.

La ceremonia civil tuvo lugar en uno de los espacios más sorprendentes del Palau de Betxí.
Antiguamente fortaleza medieval y transformado siglos después en palacio renacentista, este edificio conserva uno de sus rincones más especiales: una antigua bodega subterránea de bóveda de cañón, conocida popularmente como la Gruta.

Nada más entrar se respiraba silencio.
La piedra, las paredes centenarias y la luz cálida hacían que el espacio prácticamente no necesitara decoración.
Pero quisimos potenciar todavía más esa atmósfera. Más de 300 cilindros de cristal con velas recorrían el pasillo y abrazaban el espacio, creando una escena casi monástica, íntima y profundamente romántica. Fue una ceremonia donde la luz era la verdadera protagonista.

Y cuando comenzaron a sonar los músicos de Stringstrad, conocidos por formar parte de los conciertos Candlelight, todo cobró sentido.

Si había algo que definía a Amanda y Ricardo era su sentido del humor. Por eso decidieron romper completamente con el formato tradicional.
En lugar de una ceremonia clásica, confiaron en Ángel Rielo, que convirtió el enlace en una conversación en directo entre los novios. Hubo preguntas inesperadas, anécdotas, improvisación, risas y, cuando nadie lo esperaba, llegaron también las lágrimas. Fue una ceremonia tremendamente emocional precisamente porque no intentó parecer perfecta, sino que intentó parecerse a ellos.

Desde el principio tuvimos claro que la boda debía girar en torno a una paleta muy marcada. Los tonos vino, burdeos y granates fueron el hilo conductor de todo el diseño, acompañados por pequeños toques negros y dorados que aportaban profundidad y elegancia.

Queríamos crear una atmósfera romántica y con carácter, por eso las calas burdeos y los racimos de uva se convirtieron en los protagonistas de la decoración. Bloom & Butter dio forma a toda la propuesta floral, consiguiendo un equilibrio entre dramatismo y sofisticación.

Uno de los detalles más especiales fue el ramo de Amanda. Entre las flores naturales escondía pequeñas flores tejidas a mano en ganchillo, pensadas para conservarse para siempre. Esas mismas flores fueron reproducidas para regalarlas a sus amigas más cercanas durante la cena, convirtiéndose en un recuerdo muy emotivo.

Si hubo algo que hizo única esta boda fue la cantidad de guiños personales que escondía cada rincón.
Papeliar fue la encargada de diseñar toda la identidad gráfica a partir de ilustraciones de Amanda, Ricardo, su hija y Roma, su perrita. Su historia estaba presente en cada pieza de papelería, en la señalética, los ceniceros, los detalles para los invitados e incluso en el logotipo de la boda.
Había tantos regalos personalizados que terminamos proponiéndoles crear una tote bag para que los invitados pudieran llevarse todos los recuerdos.
Uno de los más especiales fue la revista creada por Sal de Boda, donde cada invitado encontraba fotografías, anécdotas y una dedicatoria escrita especialmente para él.
Más que recuerdos, eran pequeños pedazos de su historia.

Amanda apostó por un vestido a medida de Alejandra Oria, de líneas limpias y silueta muy elegante. El cuerpo drapeado y la caída fluida de la falda daban todo el protagonismo a una pieza muy especial: un cuello de encaje tridimensional que transformaba un diseño minimalista en un look lleno de personalidad.

Completó el conjunto con zapatos de Aquazzura y unas joyas creadas por Moret Joyeros a partir de una piedra familiar que le regaló su madre. De ella nacieron tanto sus pendientes como su alianza, convirtiendo las joyas en uno de los elementos más emotivos del día.

El maquillaje y peinado, realizados por Anna González Beauty, terminaron de reflejar una imagen natural, elegante y atemporal.

La celebración continuó en los Salones Brisamar de Betxí, un lugar muy especial para la familia de Ricardo. Su abuelo dedicó toda una vida a este negocio y celebrar allí el enlace era también una forma de rendirle homenaje.

La cena estuvo llena de sorpresas y momentos inolvidables. Uno de los más esperados fue el tradicional bingo familiar, cuyo premio era un viaje por Europa para dos personas.
Para la fiesta, Wateke transformó completamente el espacio con un gran escenario de pantallas LED que marcó el inicio de una noche espectacular. La Banda de los Amigos del Novio hizo vibrar a todos los invitados y Berni Martín DJ fue el encargado de cerrar la celebración con una pista llena hasta el final.

Como wedding planners de La Dupla siempre decimos que una boda bonita no es la que tiene más flores o más decoración, sino la que consigue contar quiénes son los novios.
Con Amanda y Ricardo cada decisión tenía un sentido. Desde la elección del lugar hasta la última ilustración de la papelería, todo hablaba de su historia, de su familia y de las personas que más quieren.
Y eso es, precisamente, lo que hizo que esta boda fuera tan especial: no seguía una tendencia, sino que reflejaba quiénes eran ellos.

LIDIA MATEOS

Fundadora de La Dupla Eventos y Wedding planner de Castelldefels (Barcelona). Creo bodas únicas y acompaño a las parejas en cada detalle del proceso.

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